domingo, 28 de julio de 2013

El rugir del León. (1920 - 2013)

Me acuerdo la primera vez que vi “Civilización occidental y cristiana.”.Atando cabos, me doy cuenta que fue hace 9 años, yo tenía 14. Recuerdo el impacto que me causó la imagen y el tiempo que estuvo dando vueltas por mi cabeza, todavía hoy resuena la magnificencia icónica que me perturbo. Todo lo que ha causado un impacto grande en mi vida y lo que ha producido los cambios más importantes llegó de esa manera. Hasta ese momento, solía ser una católica promedio, que acataba las reglas de una fé que no se cuestionaba, (bautismo,comunión,confirmación por si quería amadrinar a alguien, lo usual) aunque en el fondo hubiera cosas que me resonaban (me razonaban).Mi familia es católica por tradición, pero no por convicción intrínseca. En casa rara vez se hablaba de estos temas, y cuando se aludía a ellos había confianza como para expresar disconformidades, como no sucede en otros hogares. Yo nunca me cuestioné demasiado nada hasta mis trece años, los ritos los cumplía por inercia. Caí en la trampa al verme inmersa en simbolismos religiosos y "valores" cristianos, sentía que estaba en falta y que la culpa de dios recaería sobre mis espaldas cada vez que optara por algo que no condiciera con la moralina del cura del barrio. Recuerdo bien sus discursos moralistas, cargados de odio, prejuicio y desinformación. Muchas veces hablaba con mi mamá acerca de estos desacuerdos ideológicos con la postura de este cura, pero nunca le presté demasiada importancia hasta que comencé a tomar conciencia.              
Pero si algo había de real era que una vez finalizado mi acto de confirmación,nunca más volví a pisar una iglesia por propia voluntad.

Esa obra de León Ferrari en mi vida marcó un antes y un después, si bien no provocó un cambio inmediato en mi actitud, el impacto de la imagen me ayudó a abrir los ojos en un montón de aspectos. Y esa misma iglesia que se decía abanderada de los necesitadxs y que a la vez excluía a las minorías (fue el primer factor al que le desconfié, aún mientras hacía la catequesis), comenzó a mostrarme más aristas filosas. Con el tiempo empecé a indagar en los años oscuros de la historia Argentina, después comencé a irme más atrás en la historia y escaparle a la currícula escolar (o analizarla con mayor detenimiento), y así empezó otro viaje. El año pasado tuve la suerte de ir a una muestra de León Ferrari por primera vez (debo reconocer que nunca fui muy asidua a los museos, pero ahora a raíz de una materia que cursé les empecé a tomar el gustito a todo ese lenguaje) y me volvió a pasar lo mismo, se me heló la sangre. Sé que hay gente que disiente con mi postura y comprendo la frondosidad de los caminos espirituales hacía el descubrimiento interno (pese a no explorarlos demasiado ,personalmente), pero aún así quisiera dejar entrever que mi postura no intenta boicotear el derecho al culto de nadie, más bien reivindicar la denuncia hacia la mafia institucional, derrogar aquellas máximas de pureza y poner en evidencia la construcción de ciertos mitos  que solo buscan el control y la manipulación del vulgo. Creo que la gente que actúa y elige ese camino con verdadero compromiso, está al tanto de dichas injusticias y por ende elige otro camino, no necesita un reconocimiento institucional para luchar por sus ideales. Los curas, monjas y demás actores eclesiásticos que realmente se comprometen con el pueblo, pertenecen a un circuito off que jamás es reconocido o aceptado por la institución oficial. A los segundos va mi repudio.
Extraña casualidad que la muerte de Ferrari se haya producido mientras el papa está de paseo por Sudamérica, tal vez induzca a alguien más a reflexionar todas esas mismas cosas ahora que seguro sus obras se mediaticen nuevamente a raíz de este golpe, y ojalá les cause ese mismo impacto que a mi me causo esa vez y aún me siguen causando. Se te va extrañar León, leonxs como vos no hay muchxs.

Imagen extraída de: http://leonferrari.com.ar/index.php?/series/relecturas-de-la-biblia/

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